La era del Great Place To Be

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El mundo ha cambiado, las organizaciones y las personas que hacen parte de ellas también lo han hecho. Tenemos intereses diferentes y buscamos otro tipo de motivadores relacionados a la vida laboral y al desarrollo profesional.

Hace un tiempo, se nos enseñaba que la realización profesional estaba basada en tener seguridad y estabilidad económica. Si nuestro trabajo nos hacía sentir seguros y estables, estábamos llamados a quedarnos ahí durante muchos años. Nuestra perspectiva profesional se centraba en conocer a fondo una sola función y así, profundizar y crecer en ella.

Sin embargo, el mundo empezó a cambiar, las perspectivas se ampliaron y ahora estamos ante un mundo laboral donde cada persona tiene una visión absolutamente diferente de lo que es sentirse realizado en el trabajo. Algunos tienen la certeza de que quieren un trabajo en donde puedan sentirse libres y sin ataduras, otros quieren trabajar fuerte, ser excelentes ejecutivos y ganar una cantidad de dinero que los haga tener una supervivencia satisfactoria. Algunos buscan un empleo que les brinde un perfecto balance entre la vida personal y laboral. En fin… la seguridad de estar en un “gran lugar” para trabajar, se convirtió en una mezcla de miles de factores a los que el colaborador le da su propio peso y significado.

Lo que es común en cada visión es que buscamos la posibilidad de habitar en un espacio de crecimiento y desarrollo a todo nivel. No hay duda que consciente o inconscientemente, queremos trabajar en un sitio que nos haga sentir que estamos ante una diversidad de mundos y posibilidades. Sin embargo, hemos olvidado que esas expectativas están cimentadas sobre aspectos PERSONALES Y SOCIALES que tendemos a olvidar.

Encontrar lugares de trabajo donde exista espacio para comunicarse, para acercarse, para experimentar, para fallar, para decir: “no sé o necesito ayuda”, es lo que más nos vincula hoy con nuestro lugar de trabajo. Ya no es suficiente tener un gran lugar para trabajar, querer ser libres o tener miles de posibilidades de crecimiento; esas perspectivas solo se dan si nuestro trabajo nos da las posibilidades de ¡SER! ¿De qué sirve estar en una empresa con miles de beneficios económicos, planes de carrera y posibilidades de sentir libertad, si no le damos la oportunidad a las personas de expresarse, de fallar, de pensar y aportar en pro del crecimiento corporativo? En el fondo, valoramos más el sentirnos en un ambiente donde podamos ser auténticos en nuestro pensamiento.

Las organizaciones están llamadas a ser ENTES VIVOS que están dispuestas a modificar lo que sea necesario a nivel de estructura, procesos y relaciones para convertir a la empresa en un espacio seguro en donde el colaborador sienta que puede lanzarse al agua, con una sensación de respaldo que no ha sentido en ningún otro trabajo.