No eres el único: lo que me enseñaron más de 18 años acompañando líderes en 15 países

 

"Creo que soy el único al que le pasa esto."

 

Lo he escuchado con distintas palabras, en distintos acentos y en salas de juntas de varios países. Lo ha dicho un gerente con décadas de experiencia, una directora que sostiene a cientos de personas y un joven que apenas empieza su vida profesional. Cada uno convencido de que su dificultad es solo suya. Y cuando crees eso, aparecen la soledad y la sensación de no tener recursos.

 

Mi camino, contado sin adornos

Soy psicólogo. Con los años sumé el coaching, el Eneagrama, la PNL, el storytelling y el liderazgo. Cada una de esas herramientas es potente por sí sola, pero cuando las juntas y las pones al servicio de una persona se vuelven brújula, espejo y linterna: la brújula te muestra dónde estás y hacia dónde puedes ir, el espejo te devuelve lo que no alcanzas a ver (sin pretender cambiarte, solo sumarte) y la linterna ilumina lo que estaba en la sombra.

He trabajado con empresas multinacionales y transnacionales, acompañando a personas en cargos muy altos, a gerencias medias y a quienes están dando sus primeros pasos. Y siempre con el mismo foco: las personas, no los procesos. Creo en las relaciones y en la comunicación como estrategia para llegar a resultados, porque cuando una persona se conoce y se relaciona mejor, se optimizan los recursos y los resultados llegan con menos desgaste.

 

Lo que nos une en Latinoamérica

Algo que me sorprendió al viajar es cuánto nos parecemos. Las presiones por los resultados, el afán, las ganas de quedar bien, el peso de lo que dirán, el cuidado por la familia y por los vínculos: se repiten de un país a otro, de una empresa a otra, de un mercado a otro. Son ciclos naturales de las personas, los contextos, las empresas y los países. Lo que hoy te pesa a ti, le pesó a alguien en otra ciudad hace un año.

Tatiana Sosa, médica especialista en medicina integrativa, que escribió uno de los prólogos de mi libro, lo dice mejor que yo: "más allá de las diferencias culturales, los seres humanos compartimos las mismas necesidades de pertenecer, ser valorados, encontrar propósito y vivir con autenticidad".

También hay matices, y son hermosos. En algunos liderazgos, como los que he visto en México y Brasil, se siente una fuerza muy directa y práctica. En Centroamérica he encontrado mucha vocación de servicio y empatía. En varios países de Suramérica, incluida mi Colombia, se cuida mucho la imagen y la presentación. No son etiquetas: son tendencias, y cada persona es única. Cada estilo trae su regalo y su sombra, y todos podemos aprender de los demás.

 

Los cinco tipos de personas que más he acompañado

Con los años, he visto aparecer caras distintas de un mismo ciclo:

  • La persona con tanto afán que no se detiene, y que aprende a avanzar disfrutando el camino y el paisaje, no solo presionada por llegar bien y rápido.
  • La que siente que se mueve, pero no avanza.
  • La que quiere dejar de correr y quedarse ahí, pero no se lo permite.
  • La que anhela algo nuevo y más satisfactorio, y no encuentra qué ni cómo.
  • La que tiene techos invisibles que no la dejan despegar.

Puede que te hayas reconocido en una. O en dos. Es natural.

 

Hablar claro, con humanidad y con valentía

Algo que me define es que hablo con autenticidad y con transparencia, sin cuidar el cargo, la posición o lo que se quiere oír para quedar bien. Crezco y trabajo desde lo humano y desde lo real, porque es desde ahí donde las personas se conectan y se transforman.

Un director de marketing de una multinacional con presencia en varios países de la región, a quien acompañé en varios procesos de coaching, lo describió así: "Me dice las cosas de frente, sin rodeos, pero sin que eso duela más de lo necesario". Esa es la línea que intento caminar siempre: la verdad dicha con cuidado.

 

¿Y qué pasa después?

Veo personas que dejan de empujar por inercia y empiezan a decidir, que sueltan lo urgente para atender lo importante y que recuperan el equilibrio entre su vida laboral y personal. Veo equipos donde la conversación cambia y el ambiente se transforma.

Una directora de Recursos Humanos de una multinacional, responsable de varios países, que me ha visto trabajar con líderes durante años, escribió que me ha visto "romper" a las personas "y, compasivamente, ayudarles a rearmarse a partir de su esencia para emerger como personas más fuertes". Y un gerente general de una multinacional recordó que, en uno de los momentos más difíciles de su carrera, mis preguntas oportunas le ayudaron a "comprender algo que en aquel momento era imposible ver".

Confieso que me da pudor repetir estas palabras. Las comparto porque creo que las historias de otros son la mejor prueba de que este camino funciona, y de que tú también puedes recorrerlo.

 

Te invito a seguir conversando

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Y si quieres empezar por tu cuenta, El Legado y Cómo liderar aplicando la Ley del 3 recogen buena parte de lo que he aprendido en estos años, contado de forma sencilla y para que lo puedas usar mañana mismo.

 

Para cerrar, una pregunta que te dejo en la mesa:

¿Cuál de esas cinco personas de las que arriba hablo te suena más conocida?